
Seguridad corporal: enseñar para proteger, no para asustar
Uno de los mayores regalos que podemos ofrecer a un niño es ayudarle a conocer su cuerpo, comprender sus límites y saber que tiene derecho a protegerlos.
En el caso de las personas autistas, esta enseñanza adquiere todavía más importancia. Diversos estudios han encontrado que presentan un mayor riesgo de sufrir situaciones de abuso, manipulación o violencia. Entre los factores que pueden aumentar esa vulnerabilidad se encuentran las dificultades para interpretar las intenciones de otras personas, el deseo de agradar, la dependencia de algunos apoyos, las dificultades de comunicación en algunos casos o el hecho de no reconocer determinadas situaciones como inapropiadas.
Por eso, hablar de seguridad corporal no significa generar miedo. Significa favorecer la autonomía, la confianza y la capacidad de pedir ayuda cuando sea necesario.
1. Nombrar correctamente las partes del cuerpo
Utilizar el nombre correcto de todas las partes del cuerpo, incluidos los genitales, facilita que los niños puedan comunicar con claridad cualquier molestia, duda o situación preocupante.
No existen partes «malas» o «prohibidas»; simplemente son partes íntimas que merecen respeto y cuidado.
2. Comprender qué significa la intimidad
Una forma sencilla de explicarlo es utilizar la regla del bañador.
Las partes que quedan cubiertas por el bañador son privadas y solo determinadas personas pueden ayudar a tocarlas cuando existe un motivo claro, como la higiene, la salud o los cuidados necesarios, siempre explicando lo que van a hacer y respetando a la persona.
3. Diferenciar un contacto seguro de uno inseguro
Más que enseñar únicamente «toques buenos» y «toques malos», resulta útil hablar de contactos que nos hacen sentir seguros y respetados frente a contactos que nos generan incomodidad, miedo o confusión.
Además, es importante explicar que una misma acción puede ser adecuada en un contexto (por ejemplo, una revisión médica con consentimiento y acompañamiento) e inapropiada en otro.
4. Mi cuerpo es mío
Los niños tienen derecho a decir que no cuando no desean un abrazo, un beso o cualquier contacto físico, incluso si quien lo solicita es un adulto conocido o un familiar.
Aprender que sus límites son importantes favorece que también respeten los límites de los demás.
5. Crear un clima donde puedan hablar de cualquier cosa
La mejor prevención comienza mucho antes de que aparezca un problema.
Cuando un niño sabe que puede contar cualquier cosa sin miedo a ser juzgado o castigado, será mucho más probable que pida ayuda si alguna situación le preocupa.
6. No existen secretos sobre el cuerpo
Puede haber sorpresas que se guardan durante un tiempo, como un regalo de cumpleaños.
Pero nunca debe existir un secreto relacionado con el cuerpo, con el contacto físico o con aquello que haga sentir incómodo al niño.
Si alguien pide guardar ese tipo de secretos, es importante contarlo inmediatamente a un adulto de confianza.
7. Enseñar a pedir ayuda
Pedir ayuda no es delatar a nadie.
Es una forma de protegerse.
Los niños necesitan saber exactamente a quién acudir y qué pueden decir si alguna situación les preocupa.
8. Construir una red de personas de confianza
Conviene elaborar junto al niño una pequeña lista de personas a las que siempre puede acudir: familia, profesorado, terapeutas u otros adultos significativos.
Incluso puede ser útil acompañarlo de fotografías o pictogramas cuando sea necesario.
9. Escuchar también las señales del cuerpo
La interocepción también forma parte de la protección.
Muchas personas describen que, antes incluso de comprender cognitivamente una situación, su cuerpo ya les estaba enviando señales: tensión, miedo, bloqueo, malestar o ganas de marcharse.
Aprender a reconocer esas sensaciones y darles importancia puede convertirse en una herramienta de autoprotección muy valiosa.
10. Practicar situaciones cotidianas
No basta con explicar las normas.
Conviene ensayarlas mediante juegos de rol, historias sociales o pequeñas dramatizaciones.
Practicar cómo decir «no», cómo marcharse, cómo pedir ayuda o cómo explicar lo ocurrido hace mucho más probable que esas habilidades puedan utilizarse cuando realmente sean necesarias.
Una reflexión para terminar
Nuestro objetivo no es criar niños asustados.
Nuestro objetivo es criar personas que conozcan su cuerpo, sepan que tienen derecho a decidir sobre él y tengan la confianza suficiente para pedir ayuda cuando algo no les hace sentir bien.
La mejor protección no nace del miedo.
Nace del conocimiento, de la confianza y de la convivencia respetuosa.