
Cuando hablamos de comunicación en el autismo, casi siempre se mira hacia fuera.
Se analiza el contacto visual.
El tono de voz.
La expresión facial.
La fluidez verbal.
Pero rara vez nos detenemos a mirar lo que ocurre por dentro.
Y ahí, en ese espacio invisible, suele estar la verdadera historia.
La conversación no es solo intercambio de palabras
Para muchas personas autistas, una conversación no es simplemente hablar y escuchar. Es, al mismo tiempo:
- Procesar el lenguaje literal y el implícito.
- Filtrar estímulos sensoriales del entorno.
- Regular el cuerpo.
- Supervisar la expresión facial.
- Controlar el tono de voz.
- Decidir cuándo intervenir.
- Ajustar la cantidad de información.
- Interpretar gestos, ironías, silencios y jerarquías.
Mientras tanto, el entorno sigue enviando información: luces, ruidos, movimientos, olores, microexpresiones, cambios de ritmo.
La conversación no ocurre en vacío. Ocurre dentro de un sistema nervioso.
El monitoreo constante
Muchas personas autistas describen algo que podríamos llamar hiperconciencia social aprendida.
Pensamientos como:
- “¿Estoy sonriendo lo suficiente?”
- “¿Estoy manteniendo demasiado o poco contacto visual?”
- “¿Estoy dando demasiada información?”
- “¿Es mi turno para hablar?”
- “¿Pensarán que soy raro?”
- “Parece que se aburren… ¿querrán irse?”
No es falta de interés.
Es un intento continuo de ajuste.
Un intento de evitar el error.
Un intento de no desentonar.
Ese monitoreo constante tiene un coste.
La sobrecarga invisible
A todo esto se suma lo sensorial:
- “Hay demasiado ruido, me duele.”
- Dificultad para concentrarse en una sola persona porque todo el entorno está presente.
- Incomodidad intensa al ser mirado fijamente.
- Dificultad para seguir varias conversaciones a la vez.
Y, además, la regulación corporal:
- Suprimir movimientos repetitivos (stims) para no parecer extraño.
- Mantener una postura que no es natural.
- Contener impulsos de autorregulación.
Lo que desde fuera puede parecer una conversación “normal” puede estar siendo vivida como un ejercicio de resistencia.
🧠 AUTISMO DURANTE UNA CONVERSACIÓN
(Lo que puede estar ocurriendo por dentro mientras hablamos)
• Supervisando mi tono de voz y mi lenguaje corporal.
• “¿Debería sonreír? ¿Estoy sonriendo?”
• Intentando dar la “respuesta correcta”.
• “¿Estoy manteniendo suficiente contacto visual?”
• “Me da mucha vergüenza tartamudear.”
• Hablando extensamente sobre un interés especial.
• Notando todo lo que ocurre a mi alrededor y teniendo dificultad para concentrarme en la otra persona.
• “¿Qué está intentando decirme realmente?”
• Sintiéndome incómodo cuando me miran.
• Imitando las respuestas y expresiones faciales de la otra persona.
• “Hay demasiado ruido, me duele.”
• Repasando la conversación después en mi cabeza, pensando que dije algo extraño.
• Sintiendo agotamiento social y sobrecarga.
• “¿Estoy dando demasiada información o muy poca?”
• Dudando si es mi turno para hablar.
• Entrando sin querer en el espacio personal de otras personas.
• Dificultad para seguir varias conversaciones a la vez.
• Suprimiendo mis stims (movimientos de autorregulación).
• “Ahora no sé qué decir.”
• “¿Pensarán que soy raro/a?”
• “No encajo.”
• Prefiriendo la compañía de animales o la naturaleza.
• “Parece que se aburren… ¿querrán irse?”
• “¿Cuáles son los gestos físicos apropiados aquí?”
Después de la conversación
Muchas veces, la interacción no termina cuando termina.
Continúa en la mente:
- Repasando cada frase.
- Preguntándose si algo sonó extraño.
- Analizando microdetalles.
Ese procesamiento posterior también consume energía.
No es un déficit, es una carga añadida
Durante décadas se habló de “déficit en habilidades sociales”.
Sin embargo, investigaciones recientes sobre el problema de la doble empatía (propuesto por el investigador Damian Milton) y estudios sobre comunicación entre neurotipos muestran algo distinto:
La dificultad no está únicamente en la persona autista. Está en el desajuste entre estilos comunicativos.
En grupos del mismo neurotipo, la comunicación fluye con mayor coherencia. En grupos mixtos, las rupturas aparecen antes.
Esto nos obliga a repensar el marco.
No estamos ante una carencia.
Estamos ante una diferencia de códigos.
Pero cuando la adaptación es unilateral —cuando solo una parte intenta ajustarse constantemente— aparece el agotamiento.
El precio del enmascaramiento
Cuando una persona autista aprende a supervisar cada gesto, cada mirada, cada inflexión de voz, está realizando un esfuerzo cognitivo y emocional sostenido.
Eso es enmascaramiento.
Y el enmascaramiento prolongado está directamente relacionado con:
- Agotamiento autista.
- Ansiedad.
- Pérdida de identidad.
- Sensación de no encajar nunca.
Lo que para otros es una interacción ligera, puede ser para alguien autista una actividad de alto consumo energético.
Repensar la convivencia
Tal vez la pregunta no sea:
“¿Cómo enseñamos habilidades sociales a los autistas?”
Sino:
“¿Cómo aprendemos todos a reconocer y respetar diferentes estilos comunicativos?”
La comunicación entre neurotipos se parece más a un encuentro intercultural que a un entrenamiento en corrección.
No se trata de que uno esté equivocado.
Se trata de que hablamos lenguajes distintos.
Cuando comprendemos esto, dejamos de interpretar la diferencia como falta de capacidad.
Y empezamos a verla como variación humana legítima.